Porque me sentí de la…..

Porque me sentí de la….. 

…..al día siguiente me desperté come a las 6:00 AM, dormí muy bien, seguidito,  sin contratiempo, descanse bastante, aunque todavía me dolía algo el cuerpo, me quede en cama pensando, por fin a las 7:00 AM me levante, me bañe, desayune y me puse a trabajar, de plano ese día necesitaba el cobijo y la protección que solo mi hogar me da.

 

Mi esposa se levanto, se arreglo y se fue a desayunar con una muy buena amiga, yo me quede en casa trabajando.

 

A las horas llego mi esposa, me compartió que había platicado con su amiga, también mi amiga, sobre la crisis nerviosa que había tenido el día anterior, que nuestra amiga le había dicho: “Que me tenia demasiada paciencia, muy consentido, que ya me dejara de chingaderas, que ya habían pasado mas de tres años, que ya lo olvidara, que gracias a Dios estaba vivito y coleando”. La escuche, no le hice comentario alguno y continúe trabajando.

 

Por la noche, al terminar de trabajar pensé en un muy buen amigo mío, que lamentablemente le sucedió lo mismo que a mi, que estaba a un mes de cumplir su primer aniversario, le llame para alertarle que ya venia el lobo y que no venia vestido precisamente de caperucita roja.

 

Como siempre conversamos abiertamente, como se siente el, como me siento yo, nos reímos a carcajadas de nuestras propias pendejadas, le digo que debemos de hacer una obra que se llame “Conversaciones entre dos secuestrados”, solo para adultos, porque como decimos maldiciones, es la forma en que nos desahogamos.

 

Ya le platique como me había sentido la pasada semana, un día anterior y lo que le había dicho a mi esposa nuestra ahora famosa amiga. Me dijo, que también a el le pasaba lo mismo, que con todos sus familiares y amigos con los que hablaba le decían lo mismo: “Que ya se dejara de chingaderas, que ya había pasado, que ya lo olvidara, que estaba vivo”.

 

Es cierto, en la vida hay chingadazos, que ni Dios Padre me los quita, que me mandan a la lona por mas tiempo del que yo mismo quisiera, que me hacen sentir de la rechingada a la rechingada potencia, sin embargo, como contraparte, como contrapeso, tengo el raciocinio, que de no utilizarlo a mi máxima capacidad, corro el gran riesgo de llevarme entre las patas a mi mismo, a mis seres mas queridos y de hacer realidad aquel dicho “No es el que la hace, sino el que la paga”.

 

El mayor beneficio de utilizar el raciocinio es el no sentirme culpable de como me siento, no tengo culpa alguna de sentirme como me siento, no me gustaría sentirme así, pero la realidad es que me siento como me siento, que le hago, lo peor que me puedo hacer a mi mismo es sentirme culpable de cómo me siento.

 

Permíteme explicarme porque me sentí de la rechingada a la rechingada potencia.

 

Hay chingadazos, como el que yo recibí, que le llaman técnicamente “Trastorno por Estrés Postraumático”, el cual en palabras sencillas significa que mi mente no tiene capacidad de poner, de ubicar, el golpe, en algún lugar de mi cerebro, es como si trajera en la mano una cascara de plátano, anduviera buscando durante todo el día un lugar para ella y jamás la pusiera en el bote de la basura. Si el puro nombre te pone a ti a temblar, ahora imagínate como se siente el que lo recibe, mucho peor me sentía yo. Cuando supe el nombre, gracias a Dios ya lo había superado, de lo contrario, solo por saber el nombre, muy probablemente no lo habría hecho.

 

Todo aquel que ha recibido un chingadazo como el que yo recibí se comporta mas o menos igual como yo me he comportado, digamos que soy anormal dentro de lo normal, pero mucho muy normal dentro de lo anormal, entenderlo es la diferencia entre estar en el cielo o en el infierno. No esperar que nadie me entienda, si a veces ni yo mismo me entiendo, como dice la canción de Rafael, “Que sabe nadie”, para que me entendiese tendría que ser yo demasiado egoísta, desear que le hubiera pasado lo que a mi.

 

Es un hecho, cuantitativo, estadístico, los números hablan, solo dos de cada diez personas que recibimos este tipo de chingadazo nos recuperamos, ocho de cada diez jamás lo hacen, se pierden a si mismos, a su familia, a su trabajo, a su negocio, a sus bienes, pierden todo de todo for ever and ever. Cuando supe este numero me hice el compromiso conmigo mismo de superar esta adversidad. Mi padre me dijo de adolecente, cuando quería demostrar a mi mismo y a los demás que era muy hombre, “Güerejo, ten la seguridad que en la vida te darán chingadazos, ya tendrás tiempo para demostrar tu hombría cuando te levantes de ellos”.

 

Me hago la victima, es lo peor que le sucede a uno, todo y todos son responsables de todas mis desgracias, menos yo mismo, yo no soy responsable de nada. Sino habiéndome pasado nada de nada andaba buscando la excusa perfecta para ser un Don Nadie, cuando me paso, tenia la excusa perfecta ante los demás y lo peor, ante mi mismo, para convertirme en un muerto en vida. Yo soy responsable de lo que hago, de lo que no hago y de lo que hago con los que otros me hacen.

 

Entendí desde un inicio que el chingadazo que había recibido era mucho muy profundo, profundidad que no se si algún día llegare a conocer. El reconocer que tengo un problema, es la razón numero uno por la que he sanado, es el 50% de resolver el problema, es por lo que estoy tan bien.

 

Una vez una muy buena amiga mía me dijo, “Algún día darás las gracias del chingadazo que recibiste por el hombre que te convertirás”, la verdad es que cuando me lo dijo no me causo ninguna gracia, ahora lo recuerdo con llanto en los ojos, ya que lo sorprendente, maravilloso, hasta milagroso, es que en el andar de mi vida, precisamente cuando estoy en el hacer, hacer, hacer, sin descansar, sin desfallecer, al estar explotando al máximo los limites de mis propias fronteras,, es cuando afloro, encuentro, descubro, enfrento esas circunstancias que no entiendo, que no conozco, que no imagino, que mi mente las interpreta como de vida o muerte, disparando una expresión sicosomática que hace que sienta que tiemblan mis brazos, entre mis codos y mis muñecas y que incluso hacen que todo mi cuerpo se convulsione, causándome hasta temperatura.

 

¿Y que acaso la vida no es sino explotar mis fronteras, conociéndolas, aprendiendo de ellas, transformándolas y ampliándolas?